La amiga de Raquel

Escrito por Anna

Apareció en mi casa un domingo por la mañana. “¿Puedo entrar? Tengo algo para ti” No sabia qué pensar, apenas la había visto un par de veces, era la mejor amiga de Raquel, habíamos cruzado un par de palabras, nada más.

Me enseñó un sobre, una carta. ¿Me había escrito una carta? “¿Y esto?” Pregunté bastante extrañada. “Léelo cuando me haya ido, por favor.” Se giró y salió de casa sin mediar una palabra más.

“No sé que me pasa. No puedo dejar de pensar en ti, me estoy volviendo loca. Desde la otra noche que cenamos juntas las tres y hablaste de tu… llamémosle estilo de vida, no puedo dejar de pensar en lo que contaste, en tus experiencias. Me he dado cuenta que me gustas, pero de una forma diferente, no había sentido nunca algo así. No te rías de mi, por favor.”

El viernes habíamos quedado las tres en ir a cenar, yo bebí un poco más de la cuenta y Carla no paraba de hacer preguntas comprometidas. Al final me cansé de esconderme, y decidí hablar abiertamente: si, me gusta el sexo; sí, he hecho un trio; si, varias veces; si, me he follado a Fran, y a Eva, y a Sara… sí, sí, sí. Sus caras boquiabiertas lo decían todo, no conocían mi mundo, ni siquiera imaginaban que eso existiera.

Esa tarde sentada en mi sofá pensé en ella, en Carla. Pensé en sus ojos verdes, en sus manos diminutas, pensé en su pelo caoba… siempre me pierdo por las pelirrojas, son mi debilidad. Pensé en su boca, pensé en besar esa boca. Estaría bien… Sabia que solo seria un entretenimiento, ella tenia ganas de experimentar, la pregunta era ¿me apetecía enseñarle a disfrutar conmigo? Que tontería, ¡pues claro!
Le escribí un mensaje, quedamos para el fin de semana siguiente. Ella estaba nerviosa, no paraba de decirme que no tenia experiencia, que no sabía si podría hacerme disfrutar. “Tranquila, ya lo iremos viendo”.

Y llegó el día… yo me cambié varias veces de ropa, al final me puse un vestido muy sensual, media de rejilla, iba dispuesta a darlo todo. Llamaron al timbre, abrí, allí estaba ella, en vaqueros, zapatillas, como siempre. Me quedé un poco… decepcionada. Pero en fin, Carla era así, despreocupada. Saqué un par de cervezas de la nevera, y nos sentamos en el sofá.

Conversación ligera,  intrascendente para romper el hielo, se la notaba nerviosa, fuera de su elemento. No recuerdo qué me estaba contando, no estaba muy pendiente… cogí su mano y empecé a acariciarla, a observarla, la acerqué a mi boca para besarla. La oí suspirar y supe que iba por buen camino. Me giré para observarla, acaricié su mejilla con mi mano y le pedí que me mirara a los ojos. Qué ojos…

– ¿Has besado antes a una mujer? – pregunté.

– No. – confesó Carla.

Me dio la sensación que se ruborizaba. Besé su boca con sabor a cerveza, no parecía que se asustara así que decidí dar un paso más jugando con mi lengua dentro de su boca.

Poco a poco, para que la gatita no se asustara, deslicé mi mano bajo su suéter para tocarle la espalda, tenia la piel suave, con cuidado desabroché su sujetador y subí la mano hasta el cuello para acercar su cuerpo al mío, con un gesto suave pero firme. Levanté sus brazos para quitarle el suéter y ella sonrió.

En ese momento el ritmo cambió, se hizo más rápido, más sensual. Nos desnudamos la una a la otra con prisas, sin dejar de comernos la boca. Sus tetas eran dos maravillas de la naturaleza: grandes, redondas, muy bien puestas. Su piel blanca y la areola de los pezones color café con leche. Me deleité comiendo sus pezones, con suavidad al principio, succionando lascivamente al final. Parecía que le encantaba que le comiera las tetas. Gemía de placer agarrándome la nuca y moviendo su cadera para frotar su coño contra el mío. La humedad de mi sexo acabó mojando mis braguitas negras de encaje. ¿Estaría el suyo igual de preparado?

Con una mano bajé sus bragas. Me acerqué a su coño despacio, besé la parte interna de su muslo y dibujé en él con mi lengua mientras me acercaba a su coño. Empecé a chupar el pliegue donde las piernas se juntan con su vagina, acaricié mi cara con su vello, pasé mis labios por su monte de venus, y comprobé la humedad en ella. Carla mientras suspiraba y se movía tratando de forzar que me acercara. Besé su clítoris henchido antes de juguetear con él con mi lengua mientras mis dedos resbalaban con el flujo que salía de su vagina. Los introduje muy despacio al principio para ir incrementando el ritmo poco a poco frotando contra la montaña de su vulva.

Comenzó a temblar en su primer orgasmo con una mujer, yo continuaba con el clítoris en mi boca chupándolo hasta que cesaron sus temblores y quedó desparramada sobre el sofá, satisfecha, con una sonrisa en los labios.

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